Voluntad e intención como motores del desarrollo «espiritual» son la causa de sufrimiento más importante y sutil del ser humano, en tanto se apega al resultado-experiencia con aceptación o con rechazo.

El ser individual que se adentra en el  camino espiritual ha de comprender, no como una acción que realiza o pretende realizar, sino como un hecho que sucede, que su propia existencia es un mero hecho que sucede y por tanto carece de toda intención intrínseca..

El resultado de esto es conocido: sin un «alguien» que empuje o retenga la búsqueda o el encuentro, LA VIDA FLUYE EN UN GOZOSO INSTANTE ENTERNO.

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