Sentado una y mil veces en el mismo lugar del tiempo.

Anclado en el vientre a la inestabilidad de la vida y viajando en la cresta de mis sensaciones, percepciones y pensamientos.

La serenidad sin límites es el espacio único que todo lo envuelve, y una suave oleada de amor se expande como un sonido que no tiene comienzo ni fin; resuena en mi corazón, no obstante, y me siento feliz.

Nada más que hacer que permanecer sentado en este instante eterno.

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