EL CONFLICTO Y LA ESPERANZA

Rota la consciencia por la lucha que deshace la armonía de los sentimientos las decisones se fragmetan en opciones incompatibles cuando lo que deseo se opone a lo debido.

Entonces atenaza la garganta o el estómago el amargor de la contienda. La duda se propaga por el pensamiento. La tristeza, la ira, el miedo, la frustración se van sintiendo como fuego en un corazón que ansía sin encontrar una respuesta.

A veces se rompe en batallas con los otros donde encontramos justificación a la desdicha. A veces laceramos nuestra imagen con heridas que nos hacemos en lo más profundo sin saberlo. A veces olvidamos y luego repetimos. A veces escribimos.

Sin embargo, la verdad de lo que buscamos puede que se encuentre en el silencio cuando el silencio se llena de presencia. De ritmo respiratorio, de latido, de sonidos, formas y colores, de sabores, de piel, de consciencia. De ella, cuando confío, brota como una nada lo que buscando no aparecía.

Ahí, en el cuerpo, en el burbujeo caótico de lo que acontece sin más sentido que la experiencia cruda, emerge la consciencia de lo sentido, la sabiduría que auna lo debido y lo deseado, lo querido y lo temido, lo que duele y lo que cura.
Encuetro el respeto y la fuerza, la confianza, las palabras que expresan el amor y el derecho, los actos que unifican lo que parecía que sería beligerancia eterna.

Quedan los hechos, el atrevimiento de expresar lo que desde dentro empuja hacia los otros. Y mirar.

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